El salto al desarrollo profesional como fotógrafo vino de la mano de la necesidad de registrar las actividades involucradas en distintos proyectos sociales; especialmente desafiante resultó fotografiar actividades donde las personas se reúnen en espacios limitados, con una iluminación que muchas veces no cooperaba y en donde era necesario pasar desapercibido porque en muchos talleres la expresión de las emociones es un componente muy importante. De ahí que el fotógrafo deba respetar esta intimidad que se crea sin dejar de registrarla.