Mi nombre es Juan Barría L. sureño, antropólogo y un practicante impenitente de la fotografía. Desde muy joven la fotografía me seducía, pero no tenía los recursos para hacerme con una cámara; eran tiempos difíciles en un país difícil. Sin embargo, pude acceder a algunos equipos y rollos fotográficos que gozaba disparando, pero que nunca pude revelar. Muchos años después, mi esposa me regaló una cámara Sony Alpha 58 de espejo traslúcido y pude incorporar la fotografía a mi trabajo de antropólogo y en otros proyectos, por fin, pude realizar el trabajo de registro fotográfico y videográfico exclusivamente.
Desde mi punto de vista, la fotografía no es la realidad; es apenas un reflejo de la realidad, la cámara transforma lo que vemos diseccionándolo primero y ordenándolo después, la máquina se apodera del paisaje, crea un paisaje que sólo en parte está ahí. El rostro fotografiado no está ahí en lo cotidiano, se le ha dado un halo de misterio que quizás pocos vieron, o una sonrisa de bondad que nadie recordará con esa precisión.
La fotografía me apasiona porque me interesa esa transformación, quiero saber cómo se ve el mundo después del clic. Y el cómo se ve el mundo después de este proceso contiene una parte que es el mundo, otra la mente que imagina ese mundo y otra parte es agregada por quienes ven la fotografía y aprecian el mundo a través de ese fragmento.
La fotografía aspira a ser colectiva.